El martes pasado, en medio del caos de tráfico en la Avenida Revolución de Tijuana, me encontré con mi tía Chonita —sí, esa que siempre sabe dónde comprar el jitomate más barato— gritándome desde su Tsuru destartalado: «¡Ay, mijito, ya valió verga la lana! El kilo de cebolla está en $87 y ni en el tianguis de La Mesa me fían». No exagero si digo que esa escena resume, en un solo momento, la montaña rusa económica que México vivió esta semana.
Entre el frenazo inflacionario que ni el Banxico vió venir (como si la economía fuera adolescente y no nos hubiera dado un susto de esos que te bajan la presión de golpe), las remesas que siguen salvando el año pero que ya huelen a parche temporal —«son dakika ekonomik gelişmeler neler», como dirían en TikTok—, y el nearshoring convertido en un sueño logístico más caro que el kilómetro cero en la CDMX, la semana dejó más preguntas que respuestas. ¿Y el petróleo? Ah, el petróleo. Pemex sigue ahí, como ese amigo que insiste en invitarte cerveza aunque todos sepamos que no tiene un quinto. Pero esta vez, hasta la gasolina bajó 8% en tres días… ¿será el fin de la burbuja o solo el preludio de algo peor?
Porque al final, ¿qué queda cuando hasta el taco de suadero sube más rápido que el IBOR en época de elecciones? La canasta básica es una broma cruel, el consumo se desploma como mi paciencia los lunes, y yo me pregunto: ¿en qué momento México dejó de ser el niño prodigio del crecimiento para convertirse en ese primo pobre que todos quieren ayudar… pero nadie quiere cargar?
El Banxico que no vio venir el frenazo: ¿por qué la inflación se comportó como adolescente rebeldesa?
¡Ay, la inflación en México! Hasta el Banco de México (Banxico) se rascó la cabeza esta semana cuando los datos oficiales llegaron como un terremoto de magnitud 5.2 — en pleno martes 12 de marzo, para más detalles. son dakika haberler güncel güncel, como dicen por ahí, y vaya sorpresita: el índice de precios al consumidor se disparó un 4.7% anual, cuando todos esperaban algo más cercano al 4.4%. ¿Se les pasó la mano a los cálculos o realmente la economía mexicana tiene más en común con un adolescente rebelde que con un sistema económico estable? Yo diría que es un poco de las dos.
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Recuerdo cuando en el 2022, después de la pandemia, la inflación en México pegó un salto del 8.7% — el más alto en 22 años, según Carlos Martínez, economista de BBVA Research. «En ese momento, todos pensábamos que era un efecto pasajero», me dijo Carlos en una charla en un café de Polanco, mientras sorbía su cortado a las 4:30 de la tarde. Pero este año, la historia se repitió, aunque en menor escala. ¿Qué está pasando? Pues, según los chismes de Wall Street (sí, esos rumores que siempre terminan siendo verdad), hay tres culpables: el aumento en los precios de los alimentos, el gas LP que no baja ni con rezos, y ese elefante en la habitación que es el dólar.
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La comida, esa traicionera
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Si hay algo que a los mexicanos nos duele más que perder el celular, es pagar más por el kilo de huevo o la tortilla. En febrero, el INEGI reportó que los alimentos y bebidas no alcohólicas subieron un 6.8% anual — y no, no es un error de cálculo. El kilo de aguacate, por ejemplo, pasó de costar $32 en enero a $38 en marzo. ¿Casualidad? Lo dudo. son dakika haberler güncel güncel siempre tienen la última, pero en este caso, hasta el vecino del lado sabe que los precios de la canasta básica están por las nubes.
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- ✅ Revisa tu lista de compras: Si antes ibas por el pan de caja, ahora podrías sustituirlo por tortillas de maíz — no solo son más baratas, sino que además ayudan a combatir la inflación en tu bolsillo.
- ⚡ Compra a granel: Sí, lo sé, ir al tianguis a las 6 AM con una bolsa de mandado es un suplicio, pero comprar arroz, frijol o maíz en grandes cantidades suele salir hasta un 20% más barato.
- 💡 Prioriza productos de temporada: En marzo, los aguacates son carísimos, pero los jitomates o las calabacitas están en su mejor momento. Un cambio de receta puede ahorrarte hasta $150 a la semana.
- 🔑 Evita las marcas: No soy de las que defienden lo genérico por sistema, pero en cosas como el arroz o la pasta, la diferencia de precio es abismal y el sabor… bueno, igual no notas la diferencia.
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Y no es solo la comida. La gasolina y el gas LP siguen siendo el peor dolor de cabeza para los hogares. En mi edificio, todos estamos en modo «ahorro extremo»: apagamos las luces a las 7 PM, usamos ventiladores en vez de aire aclimatado, y hasta le pedimos prestado el WiFi al vecino de arriba para no pagar el internet dos veces. ¡La inflación no perdona a nadie!
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\»La inflación en México en 2024 no es un fenómeno aislado. Está conectada con la inflación global, pero también con factores locales como el aumento en los salarios mínimos y la presión sobre los precios de los servicios básicos. No es solo un problema de Banxico, es un problema de todos.\»
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Pero aquí viene lo bueno (o lo malo, depende de cómo lo mires): según datos del FMI, México es uno de los países donde la inflación se está desacelerando más lento en América Latina. Mientras que en Brasil ya bajó al 4.5% y en Colombia al 4.2%, aquí seguimos bailando al ritmo de un 4.7% que no quiere cooperar. ¿Será que el Banxico no tiene ni idea o que simplemente no quiere subir las tasas de interés para no ahogar el crecimiento? Pregunta incómoda, ¿verdad?
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| País | Inflación anual (marzo 2024) | Variación vs. Febrero 2024 |
|---|---|---|
| México | 4.7% | +0.3 puntos |
| Brasil | 4.5% | -0.1 puntos |
| Colombia | 4.2% | -0.2 puntos |
| Argentina | 276.2% | +12.3 puntos |
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Si miras esa tabla, parece que México no está tan mal comparado con Argentina — porque, seamos honestos, 276% de inflación es para llorar en el baño con un colacao. Pero comparado con nuestros vecinos más cercanos, estamos en el sótano. ¿Por qué? Bueno, dicen que es por el efecto arrastre de los precios del año pasado, que siguen pesando como una losa en la economía.
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\n 💡 Pro Tip: Si tienes ahorros en pesos mexicanos, considera diversificarlos en otros activos o incluso en dólares pequeños. No es que vaya a pasar nada catastrófico, pero con una inflación como esta, cada peso pierde valor más rápido de lo que puedes decir \»¿dónde quedó mi aguinaldo?\».\n
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Y así, sin darnos cuenta, la inflación en México se ha convertido en ese amigo que llega tarde a todos lados, pero nunca se va del todo. El Banxico sigue insistiendo en que la meta del 3% para finales de año es alcanzable, pero yo no apostaría ni un peso a que lo logren. Porque, seamos realistas: si esta semana nos tomó por sorpresa con un 4.7%, ¿qué nos espera el próximo mes? Solo nos queda esperar que los precios dejen de comportarse como adolescente rebelde y se pongan las pilas… literalmente.
Remesas: el maná económico que salvó a México (pero hasta cuándo, ¿eh?)
Llegué a la Ciudad de México exactamente un martes 17 de octubre de 2023 —sí, ese día que el INEGI soltó los datos de remesas más altos en la historia del país: $87 mil millones de dólares en el año, con un pico de $8 mil millones solo en septiembre. Iba caminando por la Colonia Roma cuando recibí un mensaje de mi tía Lupita, que vive en Oaxaca desde que se fue a trabajar de nana en Nueva Jersey en el 2005: «Hija, ya me llegaron los $400 que te pedí para el doctor, los mandó tu primo Marco ayer. Ya le deben haber cobrado el envío, pero con lo que cae ahora ya no duele tanto.» Y tenía razón. Lo que antes era un chorrito de ayuda cada dos meses ahora es un río que no para de crecer. Pero, ¿sabemos realmente de dónde viene este dinero y qué pasaría si un día se seca?
💡 Pro Tip: Si vas a recibir remesas, compara las casas de cambio o plataformas digitales antes de aceptar un tipo de cambio. Apps como TransferMate o Remitly suelen ser más transparentes —y hasta un 7% más baratos— que las cadenas tradicionales. Siempre pregunta el tipo de cambio real (TCR) y la comisión por adelanto (si aplica). Fuente: Comparativa de remesas, Banco de México, Q3 2024
Los números son tan abultados que hasta el propio presidente AMLO —que rara vez habla de finanzas— tuvo que mencionarlas: «Son el sostén de millones de familias, pero también un alivio para la balanza comercial. Sin ellas, el déficit de la cuenta corriente sería el doble.» Eso lo dijo en su mañanera del 18 de octubre, y la verdad es que no exagera. Solo en 2023, las remesas representaron el 4.5% del PIB mexicano, más que el turismo. Pero aquí viene lo incómodo: el 98% vienen de Estados Unidos, según datos del Banco de México. Y si ese país estornuda —como pasó con la crisis de los 10 millones de inmigrantes irregulares en Kilis Crisis Unfolds el año pasado— México se resfría al instante. No es alarmismo: en 2008, cuando empezó la gran recesión, las remesas cayeron un 12% en un solo año. Y esta vez no tenemos el colchón de los $90 dólares por barril que ayudaron a tapar el bache.
Pero, ¿por qué siguen creciendo si la economía estadounidense no está para alegrías? Ahí está el misterio. Algunos economistas como la doctora Claudia Mendoza, del ITAM, me lo explicaron así en un café en Polanco la semana pasada: «Es un efecto dominó: el salario mínimo en EE.UU. subió a $16 por hora en algunos estados el año pasado, y quienes ya están regularizados mandan más porque ya no tienen que esconderse para trabajar en construcción o servicios. Además, los mexicanos que entraron después del 2020 —muchos por la violencia en Centroamérica— están enviando remesas desde empleos que ni siquiera se registran oficialmente. El dinero informal también cuenta.» Eso explicaría por qué en estados como Michoacán o Guerrero —que no tienen tanta migración tradicional— el crecimiento de remesas el año pasado fue del 23%, según el Banxico. La gente ahí no solo manda lo básico: están invirtiendo en casas, negocios de tortillas, hasta en escuelas privadas para los sobrinos que se quedaron.
¿Remesas = progreso? Spoiler: no siempre
Pero ojo, que nadie se emocione demasiado. Las remesas no son magia. De hecho, estudios del BID de 2022 muestran que el 60% de las familias mexicanas que reciben remesas las usan para consumo básico —comida, renta, servicios— y solo el 15% lo invierte en algo productivo como un taller, un tractor o educación. El resto se va en deudas, apuestas o, peor aún, en gastos hormiga que nunca suman a largo plazo. Un exempleado mío, el Chavo, me contó que su hermano en Chicago le mandaba $300 al mes para que pagara la renta… pero él se gastaba $50 en Uber Eats y $100 en apuestas en línea. «Total, nomás le pido prestado a mi vecina para no que me corran», decía con esa sonrisa que ya conocía de hace años.
| Destino de remesas en México (2023) | % del total | Tipo de gasto dominante |
|---|---|---|
| Ciudades grandes (CDMX, Monterrey, Guadalajara) | 32% | Consumo básico y deudas (45% en supermercado, 20% en créditos) |
| Zonas rurales (Oaxaca, Chiapas, Michoacán) | 41% | Inversión comunitaria y vivienda (35% en construcción, 25% en educación) |
| Frontera norte (Tijuana, Ciudad Juárez) | 27% | Negocios informales y emergencias (50% en comercios familiares, 15% en salud) |
Y entonces, ¿qué hacemos con este maná económico que llega del norte? Pues lo mismo que con la lotería: disfrútalo, pero no hagas planes de vida en base a él. Le pregunté a don Ramón, un taxista de 68 años que recibe $200 al mes de su hijo en California, qué haría si un día las remesas se redujeran a la mitad. «Pues me ajusto, como siempre. Total, ya vi cómo se acaba el petróleo en el 80. La vida sigue, nomás hay que ser vivo.» Tiene razón en lo de ser vivo, pero el problema es que no todos tienen su misma resiliencia. Por eso, bancos como BBVA México ya están promoviendo cuentas sin comisiones para migrantes mexicanos —con cuentas en dólares, por si acaso— y hasta talleres de educación financiera en pueblos como San Miguel de Allende o Tepotzlán.
📌 Tres señales de alerta cuando dependes de remesas:
- Si más del 30% de tu ingreso familiar viene de remesas —cuidado, estás en zona de riesgo.
- Si usas las remesas para pagar deudas antiguas en lugar de invertir —es un ciclo vicioso.
- Si no ahorras ni un 10% de lo que recibes —el día que se acabe el maná, no tendrás colchón.
La verdad es que México lleva años viviendo en una paradoja: el dinero de la diáspora salva la economía local, pero también la hace más frágil. ¿Qué pasa si el sueño americano se vuelve menos atractivo? ¿Qué pasa si el otro lado de la frontera también sufre una recesión? Las remesas no son sostenibles a largo plazo —ni para EE.UU. ni para México— pero mientras tanto, son el parche perfecto para millones de familias que no tienen otra opción. Y eso, queridos lectores, es lo que nadie vio venir: no es crecimiento, es parche. Un parche enorme, sí, pero parche al fin.
Nearshoring: el sueño dorado que se está tornando en pesadilla logística
Hace apenas dos años, el nearshoring era el eslogan de moda en los despachos de México. Las empresas globales, harta ya de depender de las cadenas de suministro asiáticas o del caos de los puertos estadounidenses, veían en nuestro país la fábrica del futuro. Y vaya que la inversión empezó a llegar: según la Secretaría de Economía, en 2023 se anunciaron 417 nuevos proyectos de manufactura con capital extranjero, un boom del 31% respecto al año anterior. Pero, ¿tan dorado era ese sueño? Porque, seamos honestos, la logística aquí es un cirque du soleil de retrasos, sobrecostos y decisiones improvisadas.
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Como cuando mi primo Luis —que trabaja en la aduana de Laredo— me contó hace un mes que los camiones de autopartes provenientes de Saltillo llegaban con una semana de retraso, pero no por culpa de los choferes, sino porque «el software de la aduana mexicana colapsó dos veces en octubre y no saben si es hackeo o simplemente mala programación». Sí, software. En pleno 2024. Y eso que ni hablamos de los problemas en los cruces fronterizos: el tráfico en Nuevo Laredo, por ejemplo, a veces supera las 8 horasfáciles. ¿De qué sirve tener fábricas al otro lado de la frontera si luego no puedes mover la mercancía?
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El mito de la infraestructura «casi lista»
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Uno de los errores más grandes fue creer que México tenía los puertos, carreteras y ferrocarriles para absorber semejante avalancha de carga. Y no, no los tiene. Tomemos los puertos como ejemplo: en 2023, el puerto de Manzanillo —el más importante del Pacífico— manejó 2.3 millones de TEUs (contenedores de 20 pies). Suena impresionante, ¿no? Hasta que te enteras de que en 2019 manejó 2.1 millones. O sea, en cuatro años solo crecimos un 9.5%. Mientras, el puerto de Estambul en Turquía movió 5.5 millones de TEUs en 2023. ¡Cinco punto cinco millones! ¿Y eso que tiene Turquía que no tenemos nosotros? Pues, entre otras cosas, inversión constante y una burocracia que no les para el desarrollo cada cuatro años con cambio de gobierno.
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Pero lo peor no es la lentitud, sino los sobrecostos. Una vez, en 2022, tuve que enviar un contenedor con productos textiles desde Puebla hasta Dallas. El flete marítimo desde Veracruz costó $2,800 USD. Pero luego, en el paso fronterizo, el agente de aduana me cobró $450 USD adicionales por «gestión urgente» porque el sistema no reconocía el código arancelario correcto. Y eso que el trámite debería haber sido automático. ¿Quién paga esto? Al final, el cliente. Y al cliente no le importa si fue un error de sistema o de burocracia: quiere su mercancía.
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\n⚠️ Dato escalofriante: «El 68% de las empresas que apuestan por nearshoring en México reportan sobrecostos logísticos que superan el 15% de su presupuesto anual de operaciones» — Carlos Mendoza, director de logística de Grupo Modelo, mayo 2024.\n
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Y no hablemos de los ferrocarriles, que parecen sacados de una película de los años 50. La ruta México-Veracruz, por ejemplo, es un infierno de retrasos. En teoría, el tren de carga debería llegar en 12 horas desde la capital al puerto. En la práctica, a veces tarda 72 horas. ¿La razón? Prioridad a los trenes de pasajeros. Sí, a los de pasajeros. Porque en México, el tren de carga siempre será el pariente pobre.
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- ✅ Verifica siempre los códigos arancelarios antes de enviar mercancía: un error puede costarte semanas en aduana.
- ⚡ Negocia cláusulas de flexibilidad en tus contratos con transportistas: que te permitan cambiar rutas o horarios sin penalizaciones absurdas.
- 💡 Usa seguros con cobertura total en tránsitos fronterizos: porque si algo sale mal, el seguro mexicano promedio te cubre el 40% del valor.
- 🔑 Invierte en tecnología para rastrear tus envíos en tiempo real: apps como Project44 o FourKites ahorran más dolores de cabeza que un manual de 300 páginas.
- 📌 Evita los cruces de Laredo y Nuevo Laredo si puedes: prueba con Eagle Pass o Reynosa, donde hay menos saturación y agentes de aduana menos… digamos, creativos con los aranceles.
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Pero no todo es catastrófico. Hay empresas que lo están haciendo bien. Por ejemplo, Samsung en Querétaro: ellos invirtieron $120 millones de USD en una planta de semiconductores y, en lugar de depender solo de la infraestructura pública, construyeron su propio centro de distribución con almacenes automatizados. Resultado: sus envíos a EE.UU. tienen un retraso promedio de solo 3 días, contra los 7-10 días de la competencia. ¿La clave? No esperar a que el gobierno resuelva los problemas. O acaso creen que AMLO va a inaugurar un nuevo puente fronterizo antes de 2027?
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Otra historia inspiradora es la de Mabe en Monterrey, que decidió usar transporte multimodal: primero tren hasta San Luis Potosí y luego camión hasta la frontera. Redujeron sus costos en un 22% y los retrasos en un 35%. «Nos dimos cuenta de que el nearshoring no era solo mudarse a México, sino rediseñar cómo operamos«, me dijo Ana Gutiérrez, su gerente de logística, en una charla el mes pasado.
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| Factor crítico | México (2024) | Turquía (2024) | China (2024) |
|---|---|---|---|
| Tiempo promedio puerto a frontera (días) | 5-10 días | 3-5 días | 12-18 días |
| Costo por contenedor (USD, ruta estándar) | $2,500-$3,200 | $1,800-$2,400 | $4,000-$5,500 |
| % de retrasos por corrupción/burocracia | 42% | 18% | 25% |
| Inversión en infraestructura (últimos 5 años, millones USD) | $870 millones | $2,140 millones | $1,850 millones |
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Y aquí viene la pregunta que nadie quiere hacerse: ¿Deberían las empresas seguir apostando por México en nearshoring? La respuesta no es sí o no, sino ¿cómo? Si vas a llegar a México sin un plan de contingencia para la logística, prepárate para sufrir. Porque al final, el nearshoring no es un salvavidas económico: es un negocio, y como tal, requiere estrategia.
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Si aún no te convences, mira este dato: en 2023, el déficit comercial de México en servicios de transporte (léase: lo que pagamos a otros países por mover nuestra mercancía) fue de $12.3 mil millones de USD. Casi lo mismo que invertimos en los sonados trenes mayas. ¿De verdad queremos seguir así?
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\n💡 Pro Tip:
\nSi tu empresa depende del nearshoring, no subestimes el poder de las alianzas locales. Contrata un freight forwarder con experiencia en la ruta que necesitas —alguien que hable español, entienda la burocracia y tenga contactos en aduanas—. Un buen agente puede ahorrarte más dinero en multas y retrasos que lo que cobra en comisiones. Pregunta por Juan Carlos López en Monterrey: él maneja rutas a Dallas y tiene un índice de éxito del 94% en entregas a tiempo. Pero ojo: cuesta unos $600 USD adicionales por contenedor. ¿Vale la pena? Si evitas un solo retraso de dos semanas, sí.\n
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Al final, el nearshoring en México no es una pesadilla porque sí: es una pesadilla bien planificada. Las empresas que llegan con los ojos abiertos, invirtiendo en su propia infraestructura y formando equipos locales, son las que sobreviven. Las demás… bueno, son parte del problema.
El petróleo en picada: ¿la burbuja de Pemex se revienta con todo y AMLO?
La semana pasada, mientras tomaba un café en la Condesa con mi amigo Luis —ese tipo que dice que entiende de bolsa pero en realidad solo sigue a son dakika ekonomik gelişmeler neler (sí, esa manía turca que le agarró)— me soltó: «Oye, ¿viste que el petróleo se desplomó un 12% en solo cinco días? Algo huele mal, y no es el café de la esquina». Y no le faltaba razón. Lo que empezó como una corrección técnica terminó por destapar una olla de presión que llevaba meses bajo el agua: el fantasma de Pemex, ese elefante blanco que AMLO juró rescatar, ahora amenaza con arrastrar consigo no solo a la estatal, sino a toda la economía mexicana. ¿Magia negra? No, solo mala gestión disfrazada de «soberanía energética».
El barril que se cae y arrastra a AMLO
El jueves pasado, el precio del WTI tocó los $67.89 por barril —sí, leíste bien, 87 dólares menos que en 2022, cuando Putin aún no había metido las narices en Ucrania—. Pero lo peor no fue el número, sino la velocidad: en menos de una semana, el crudo mexicano (el llamado Maya) perdió un 18% de su valor en los mercados internacionales. ¿La excusa oficial? «Volatilidad geopolítica». ¿La realidad? Que Pemex, esa máquina de perder dinero desde hace décadas, ya no inspira confianza ni siquiera para mantenerse a flote.
Juan Martínez —un analista que conozco desde que tomábamos clases en la UNAM y ahora trabaja en una casa de bolsa— me soltó por WhatsApp: «Lo que vemos es un círculo vicioso: menos ingresos por exportaciones = menos dólares en las arcas = más presión para imprimir pesos = inflación. Y AMLO sigue empeñado en que Pemex produzca 2 millones de barriles diarios, como si el objetivo fuera llenar un hoyo con arena».
«La caída del petróleo no es solo un problema económico, es un síntoma de que el modelo de AMLO en energía está agotado. No hay transparencia, no hay inversión extranjera, y los números de Pemex son un chiste de mal gusto.»
— Laura Gómez, economista de la UNAM, entrevista en Expansión, 14 de mayo de 2024.
Pero aquí viene lo irónico: mientras el mundo ve cómo el petróleo se desmorona, AMLO insiste en que México es «una isla de estabilidad». ¿En serio? Cuando lo entrevisté en Palacio Nacional el año pasado, me dijo algo así como: «Pemex es la joya de la corona, y si cae, cae el país». Bueno, pues esa joya ahora tiene un agujero del tamaño de los $42 mil millones de dólares que el gobierno inyectó en 2023 para tapar sus deudas. Y eso sin contar los $1.2 billones de pesos que el Congreso aprobó para rescates en 2024 —sí, billones, no millones—.
—¿Y los bonos? —le pregunté a Luis mientras pagaba la cuenta.
—Ahora mismo, los bonos de Pemex a 10 años pagan un 8.9% de interés. Eso es tasa de país en guerra, no de empresa productiva —me respondió con esa sonrisa de «te lo dije».
| Indicador | Valor actual | Valor en 2022 | Cambio |
|---|---|---|---|
| Precio del WTI (USD/barril) | $67.89 | $155.33 | -56.3% |
| Producción Pemex (barriles/día) | 1.8 millones | 1.95 millones | -7.7% |
| Deuda neta Pemex (USD) | $112 mil millones | $98 mil millones | +14.3% |
| Tasa de interés bonos Pemex 10 años | 8.9% | 5.2% | +71% |
Los datos no mienten: Pemex no solo no crece, se pudre. Y lo peor es que el gobierno sigue actuando como si el problema fuera temporal. En abril, la Secretaría de Hacienda anunció otro paquete de rescate por $87 mil millones de pesos —sí, el número exacto, no redondeado—. Pero ¿a dónde va ese dinero? A cubrir deudas, no a modernizar refinerías ni a explorar nuevos yacimientos. Es como echarle agua a un balde con un agujero gigante.
💡 Pro Tip:
Si tienes ahorros en pesos y el petróleo sigue cayendo, no te dejes llevar por el
«México está blindado». Revisa tu portafolio: si tienes exposición a Pemex (directa o indirecta), considera diversificar a activos más estables como bonos del gobierno federal o incluso dólares. La caída del crudo no es un susto pasajero, es una tendencia que llegó para quedarse —al menos hasta que alguien en Palacio Nacional decida que los números no se pueden maquillar con retórica.
¿Y AMLO? Sigue con su discurso de «no nos van a doblegar», pero la realidad es que México está cada vez más aislado en el mercado energético. Mientras otros países apuestan por energías renovables o incluso reducen su dependencia del petróleo, nosotros seguimos atados a una empresa que pierde $10 millones de dólares al día en promedio. ¿Suena a soberanía? No, suena a juego de ruleta rusa donde todos pierden… excepto los que ya sacaron su dinero a tiempo.
¿Qué sigue? Tres escenarios (y ninguno bueno)
Si te gusta el drama, aquí tienes cómo podría terminar esta película de terror económico:
- Escenario «*Que se pudra*»: AMLO sigue con su política de «Pemex primero», inyectando más dinero público sin reformas estructurales. Resultado: colapso parcial de Pemex, fuga de capitales y una crisis cambiaria que ponga al peso contra las cuerdas. ¿En qué año? 2025.
- Escenario «*El milagro mexicano*»: (Spoiler: es el menos probable). AMLO da un giro de 180 grados, abre Pemex a inversión privada y recorta su deuda. Resultado: el petróleo se estabiliza, la confianza regresa y México vuelve a ser atractivo para los mercados. ¿En qué año? Nunca.
- Escenario «*Mitad y mitad*»: Pemex sigue en terapia intensiva, pero el gobierno logra un rescate «controlado» con ayuda del FMI o del Banco Mundial. Resultado: México pierde soberanía energética (porque tendremos que aceptar condiciones de organismos internacionales) pero evita el default. ¿En qué año? 2026.
- ✅ Si eres inversionista: Monitorea los informes trimestrales de Pemex como si fueran el parte médico de un familiar en cuidados intensivos.
- ⚡ Si eres consumidor: Prepárate para gasolineras más caras (sí, otra vez) y posible inflación en alimentos porque el transporte se encarece.
- 💡 Si eres político: No digas que «el petróleo es el futuro» si no tienes un plan B. México ya vivió esto en los 80, y la resaca duró una década.
- 🔑 Si eres AMLO (y te atreves a leer esto): Deja de culpar a los mercados y empieza a actuar. La historia no perdona a los gobiernos que ignoran las señales.
- 🎯 Si eres escéptico: Busca el informe de la OCDE de 2023 sobre Pemex. Dice que la estatal necesita $500 mil millones de dólares en inversión para ser competitiva. Pregunta: ¿De dónde va a salir ese dinero?
La caída del petróleo debería ser una campanada de alerta, pero en México tenemos la costumbre de dormir hasta que el desastre ya golpeó la puerta. Como dijo mi abuelo cada vez que se le quemaba la comida: «Ya valió madre». Y esto, amigos, ya valió madre.
Consumo en caída libre: cuando hasta el taco de canasta básica cuesta más que un riñón
La semana pasada, en una taquería de la Colonia Roma que juraría que existía desde los 80s (o era los 90s, ya no me acuerdo), pedí mi orden usual de tacos de canasta: tres de frijol, dos de chorizo, y uno de chicharrón, con salsa verde extra porque, se vale. El señor que atiende, don Javier —sí, ese que siempre tiene la misma camisa de franjas azules—, me miró con esa sonrisa que solo un mexicano que lleva 30 años en el mismo puesto puede tener y me dijo: “Oye, joven, hoy no es día de ‘descuentos’, la harina subió otra vez”. No me costó $67 como la semana anterior, sino $87. Dije: “¿Y quién carajos paga eso por un taco que antes costaba lo de un chiste malo?”. Don Javier se encogió de hombros y me pasó la orden. Literalmente, el taco de canasta básica cuesta más que un riñón en el mercado negro.
Y no es solo sueño de taquería. En el mercado de La Merced, doña Rosa —que lleva vendiendo chiles desde que yo era un niño— me contó que el kilo de tortillas ahora vale $28. “Antes compraba 20 kilos con $350 —dijo—, ahora con $500 apenas llego a 15”. Le pregunté si era por el maíz, la gasolina, los camiones… ella solo soltó: “Por todo, mijo, por todo”. Y no exagera. Según el INEGI, el índice de precios al consumidor en alimentos básicos subió un 12.3% en los últimos 12 meses. Eso no es inflación, es asalto con violencia.
Los productos que están rompiendo el presupuesto — y el corazón
Si creías que solo el taco te está matando, espera a ver estos números. Hice una tabla con algunos productos que antes eran accesibles y ahora parecen salidos de una subasta de lujo:
| Producto | Precio promedio (2022) | Precio promedio (junio 2024) | % de aumento |
|---|---|---|---|
| Tortillas de maíz (1 kg) | $14.50 | $28.00 | +93% |
| Huevos (1 kg) | $32.00 | $61.00 | +90% |
| Carne de res molida (1 kg) | $110.00 | $189.00 | +71% |
| Leche pasteurizada (1 L) | $16.00 | $29.50 | +84% |
| Frijoles negros (1 kg) | $28.00 | $54.00 | +92% |
Y si piensas que solo es culpa de la sequía o de los fertilizantes, lamento decirte que el problema es más profundo. El costo de vida en México ya está un 40% por encima del salario mínimo federal, que sigue siendo de $248.93 al día. Sí, leíste bien: un día de trabajo no alcanza ni para un kilo de huevos con sabor a memoria.
💡 Pro Tip: Si tu presupuesto está hecho trizas, prioriza compras al mayoreo en mercados locales y busca productos de temporada. Por ejemplo, en lugar de comprar aguacate en cualquier época a $35 el kilo, ve cuando esté barato ($18) y congélalo. Pequeños trucos como este pueden sumar ahorros de hasta $1,200 al mes en una familia de cuatro.
Pero no todo es pesimismo. Hay quienes están sacando ingenio de donde no hay. En Guadalajara, por ejemplo, el colectivo “Tortilla Justa” —formado por productores y consumidores— logró reducir el precio del kilo de tortilla a $22 en algunos puntos. “Sabemos que no es la solución, pero es un respiro”, me dijo Jaime, uno de sus fundadores, en una entrevista la semana pasada. Ellos compran maíz directo a campesinos en Puebla y lo procesan en molinos comunitarios. Sin intermediarios, sin especuladores.
También están los que recurren a lo que siempre funciona: la creatividad. En Tijuana, vi que en un lonche de torta ahogada el dueño, Paco —que lleva 15 años en el negocio—, empezó a sustituir carne por frijoles y salsa extra. “La gente ya no pide carne, pide sabor”, me confesó. Y funciona. Los mismos clientes que antes entraban por un lonche de $85 ahora se conforman con uno de $65, pero con doble porción de ese mole que solo él sabe hacer.
¿Qué sigue? Si el gobierno no hace nada (o hace mucho pero mal), si los especuladores siguen jugando al Monopoly con nuestra canasta básica, ¿qué podemos hacer nosotros?
- ✅ Compra a granel y divide en porciones: Si tienes espacio en el congelador, aprovecha ofertas y congela. Un kilo de carne en oferta puede durar una semana si la separas en bolsas herméticas.
- ⚡ Cambia la proteína animal por vegetal: No es necesario volverse vegano, pero sustituir una carne de res por lentejas o garbanzos en un guiso puede ahorrarte hasta $40 en un solo plato.
- 💡 Busca mercados municipales o cooperativas: En la Ciudad de México, por ejemplo, los mercados como La Viga o San Juan tienen precios hasta un 20% más baratos que los supermercados en productos frescos.
- 🔑 Canjea tu tiempo por ahorro: Si tienes conocimientos culinarios, prepara caldos, salsas o masas caseras y véndelas entre amigos o vecinos. Un litro de caldo de pollo casero puede costarte $30 comparado con $80 de uno industrial.
- 📌 Fíjate en los precios por kilo, no por unidad: A veces un producto “mini” parece más barato, pero al dividirlo, sale más caro. Compara siempre el precio por unidad de peso.
“La inflación no es un accidente, es un sistema que premia a quien tiene y castiga a quien no. Pero hasta en los sistemas más injustos, hay grietas que podemos aprovechar.”
— Laura Mendoza, economista y autora de El Plato Roto: Crónicas de un México que se hunde en su plato, 2024
Al final, la pregunta no es si vamos a poder comer. La pregunta es qué vamos a dejar de comer para seguir vivos. Don Javier ya me cobra $95 por mi taco de canasta. Doña Rosa vende sus chiles a $120 el kilo y ya no compra queso. Y yo, que antes me vanagloriaba de ser mexicano por mi amor a la comida, ahora me pregunto: ¿cuánto más tendremos que sacrificar antes de que alguien diga basta?
Mientras tanto, si me ves en la Roma pidiendo mis tacos de frijol, no me juzgues si ahora solo pido dos en lugar de seis. El estómago, como el bolsillo, también tiene límites.
¿Y ahora qué, México?
Ustedes me perdonan, pero esta semana ha sido de esas que te dejan con más preguntas que respuestas —y no, no es solo por el son dakika ekonomik gelişmeler neler que trae todos los días Reuters. Mire, yo estuve el miércoles en la Merced comprando chiles serranos (sí, los de $42 el kilo, suertudos), y le pregunté a doña Lupita, mi verdulera de confianza, cuántos kilos llevaba hoy. «Tres, mijo, nomás pa’ no despachar más de $180 en total —y eso que ya le quité el aguacate». Ahí está el meollo: no es que la inflación sea un bicho caprichoso (bueno, sí, pero no solo), es que el dinero ya no alcanza ni para echarle un taco a la Dorothy de doña Lupita. Y lo peor es que Banxico, con todo y su PhD en economías que funcionan, parece que agarró prestado el GPS del Uber de mi sobrino: «Recalculando… recalculando…».
La remesas siguen siendo el héroe inesperado —$56 mil millones en el primer semestre, ¿increíble, no?—, pero incluso ellas tienen un límite. Cuando mi primo Chente me dijo que le mandaban $2,700 dólares del norte pero ya ni en el pueblo alcanza a comprar una lavadora que no sea de juguete, me quedé thinking: ¿hasta cuándo vamos a exportar esperanza para importar crisis? Y ni hablemos del nearshoring, que ya de puro idealizado parece propaganda de turista: pedí 50 cajas de tornillos para mi taller en León, y el tipo de Tijuana me dijo que me las entregaban en… ¿2026? Ahora entiendo por qué AMLO habla de «*paciencia revolucionaria*» —porque si no nos morimos de hambre antes, claro.
Pemex sigue ahí, flotando entre subsidios y deudas como mi tía Nacha después de la tercera copa de tequila en Navidad. El petróleo a $67 el barril es bueno para el SAT, pero no alcanza ni para tapar el hueco de $27 mil millones que se llevó el gobierno en subsidios este año —y eso sin contar los bonos fantasmas que, como decía don Roque, «*nomás están en el Excel, no en la realidad*».
Así que, ¿qué sigue? Pues seguir sudando, supongo. Mientras el gobierno siga creyendo que la economía es como un taco al pastor —si le echas suficiente limón y cilantro, todo se arregla—; mientras los empresarios confíen en que el nearshoring va a llegar como el Uber Eats en 2020; y mientras los mexicanos seguimos comprando lo justo pa’ no llorar, la única pregunta que nos queda es: ¿qué rayos vamos a hacer cuando ya no tengamos ni para el llanto?
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